Es viernes santo. Estoy a diez minutos del jardín Cuitláhuac sólo es necesario que atraviese  el bosque. Iré a la representación típica de la crucifixión, ya hablaré con alguien y tendré materia para la crónica.  Aún es temprano. El mini-supercito de mi casa está abierto, voy por una botella de agua y emprendo la marcha. Salí con un café americano y me senté en los escalones nomás a ver quién pasaba.

La primera familia entra: mamá, papá, bebé, hijo, hija, hijo, hija grande, hijito, hermana. Es decir, ocho vasos, una mamila y un chesco de 3.3 litros ¿alcanzará? –¡noooo! ¡tú llévate eso ándale!– lo que el papá quería decir: sí alcanza, porque para mí solito una coca de a litro. Los chamacos no más magullaron.

Vuelvo a sentarme en los escalones. Es la 1pm. De seguro ya están afuera las canijas víboras. Sí, era como esta hora cuando las vi…aunque igual y hoy sienten todo el desmadre y se meten temprano ¿por qué si han de sentirlo, no? el peso, el runrún y más al rato: los llantos. No por ser audaces serán mensas las pobrecitas viboritas, todas escuálidas… pero pues si están re feas y luego corretean a la gente…aunque a eso van ¿no? a correr ¡en chinga! Aquella vez yo si le corrí aunque no me perseguían.

El sol está bien recio y con tanta radiación….está cabrón. Y luego van a los chavitos caminando descalzos imitando a sus papás, aprendiendo eso de pagar mandas a Jesús Cristo…está onda en Iztapalapa lleva más de 160 años, y la onda mayor ocurrió hace como 1944 años –si la lógica no me falla-  no puedo pensar en actos de fe sino en: El gran ¿y qué? De Woody Allen. No entiendo bien a qué se refería pero tampoco entiendo la religión.

Tengo la sensación de que no viene tal cantidad de gente como dicen en la tele –…pues hasta eso ha estado tranquilo, o sea, sí han venido señoras pero para la comida. Antes venían por aguas bueno más bien por cocas y bimbo para los sándwiches. Una vez la delegación regaló narajas y bolsas con agua, pero decían que sabía rara pero ni modo hacia un buen de calor…aunque ¡fíjate! siempre que lo están crucificando (chasquido) ¡qué llueve!– Entonces, según la señora, en esta ocasión también: los diplomáticos y los polis a pleno rayo del sol esperando la tradicional lluvia.

Mientras, los de la delegación implorando a Dios para obtener el título de patrimonio intangible de la humanidad ¿Y el cerro? ¿Quién reza por él ante el creador? ¿quién, Clara Brugada? La crucifixión aventajando a la ceremonia del fuego nuevo ¡claro! El equinoccio de primavera, la cueva de Hernán Cortés, el meteorito, los ovnis; el panteón, los paracaidistas, los no paracaidistas, las antenas (no sé de qué); el deshuesadero y la agricultura…. Pues viéndolo bien, el cerrito si es un negocio atractivo. Digo, si todo esto lo lleva a ser: un lugar sin ecosistema natural, reforestado con eucaliptos –lo que es una plaga por cierto- y extinguiendo las coníferas, pues sí debería ser un muy buen negocio.

La segunda familia entró al negocio principalmente por los alaridos de la hija. La morrita de 4 años -quizás menos- sabe cómo hacerse escuchar y, sobre todo, tomar decisiones. Si quiere sabor manzana, pues manzana será. La mamá, joven y aburrida de serlo, ni se agobia. Estaría bueno que los papás fueran sorprendidos por una viborita, un malandrín, o un milagro que los reviva!!

Entonces, hace mucho tiempo alguien dio su vida para salvar a la humanidad incluidos los aburridos pero sobre todo: a los vigorosos que en viernes santo salen del hospital a seguirle latiendo con gusto… mi madre será dada de alta por la tarde.

Ya el cuasi patrimonio de la humanidad será para el próximo año; ha pasado casi una hora y sigo aquí, sentada. Creo que no quiero ir… de seguro las víboritas están allí asoleándose bocarriba.

-seño ¿Cuántas cervezas son un six? ¿cuatro o seis? Me regala una bolsita. Una, dos, tres… ¿Cuánto es? Una, dos, tres… tres, cuatro… una, dos, tres. A ver ¿Cuántas van? [nota al lector: no diré nunca la dirección de la insolente seño que vendió cerveza en viernes santo] ¿Es posible que a este enclenque hombrecito le baste con bebérselas y no perder tiempo en matemáticas aplicadas? –seño pues esto es lo que traigo, a ver ¡cuéntele!…– yo también quiero una, así bien muerta. Voy a manejar con mi madre recién operada –ya ni la friego- sólo una pues. Mientras el borrachín se alejaba, la bolsa se le rompió y las seis ¡sí, el six completo de modelitos rodo por doquier! –chin, tanto que le costó meterlas en la bolsa-. Jadeante: una, dos, tres… otra vez. No le quité la mirada porque igual y dejaba alguna por allí tirada…

¡ah! Seño ¿qué día es hoy?-exaltada pregunté- Viernes, viernes santo –con voz solemne y rostro gemebundo lo repitió como cuatro veces…. Bueno no,  pero fue como un eco porque bien que recibió la morralla del borrachín y ahora quesque viernes santo. –sí, pero ¿qué día es de número?-¡Ahhh, Ya! -más relajada- 22, es 22.

¡Hoy es la proyección de nuestro video erótico en el cine Nacional! Vale madres…. O sea, le piso a fondo para ir por mi má, la traigo a casa, platicamos, sonreímos, preguntamos, abrazamos, la acojino y me pelo al centro… así ¡al chile! Qué me voy a andar bañando si ya es re-tarde ¡Ah! La crónica….si bueno… las cabronas víboras de seguro ya están afuera.


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