Y así, seguiste volcando, primero: una sandia, después ella, ahora sus labios… sus carnosos y huesudos labios.

(mirala! con su cigarrillo, de esos delgadititos, y su lunar rozando el labio)


(¡Eso!: sonriale mi chula)


(¡me matas!…. no hay problema, siguele)

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